William Pierce – Cómo todo encaja

William Luther Pierce

William Luther Pierce

Excepcional artículo en el que William Pierce explica los motivos de la unión y éxito de los judíos a través de la Historia y cómo controlan el Régimen en la actualidad.


 

Hemos hablado de muchos temas en estos programas de American Dissident Voices, pero uno que ha aparecido en casi todos los programas ha sido el papel de los judíos, ya sea en nuestra historia o en nuestras vidas hoy. Hasta cierto punto eso ha sido inevitable, debido a la influencia que tienen sobre los acontecimientos actuales por medio de su control de los medios de comunicación y por causa de su papel histórico en el comunismo. Pero es más que eso.

Lo que he dicho, de una u otra manera en varios programas, es que el papel judío en nuestras vidas va mucho más allá del hecho de que su control de las noticias y entretenimiento en los medios de comunicación les da una gran influencia en la cultura popular y en el proceso político. Hoy quiero hablar de nuevo acerca de este papel judío. Quiero intentar dar una visión de conjunto de ello primero. Hay alrededor de 14 millones de judíos en el mundo hoy, según el Anuario de la Enciclopedia Británica de 1997. Casi la mitad – alrededor de seis millones – están ahora en Norteamérica, donde son poco más del dos por ciento de la población, pero ahora ejercen más influencia que cualquier otro grupo.

Los 14 millones de judíos del mundo piensan y actúan como una gran familia – aunque, al igual que la mayoría de las familias, tienen un montón de peleas y discusiones entre sí. Van a diferentes sinagogas – ortodoxa y conservadora y reformista – o a ninguna en absoluto. Hay judíos ateos, y hay judíos que se han convertido al cristianismo. Los hay capitalistas y los hay comunistas, homosexuales y heterosexuales. Los hay ricos y de clase media, e incluso hay unos pocos pobres, pero a pesar de esta aparente diversidad hacen un mejor trabajo de cooperar unos con otros y mirar por sus intereses comunes que cualquier otro grupo étnico en el mundo.

¿Por qué es esto? ¿Por qué son los judíos más racialmente conscientes que nadie? ¿Por qué están mucho más dispuestos a colaborar entre sí que los miembros de otros grupos? En parte es por su religión. Es una religión etnocéntrica, una religión racista. Mientras que el cristianismo y el islam, por ejemplo, son religiones universalistas, religiones para cualquiera que opte por creer en ellas, el judaísmo no lo es. El judaísmo es una religión sólo para el pueblo elegido, sólo para los circuncidados hijos de Abraham. Los judíos se definen en términos de su linaje sanguíneo, no en términos de su fé, razón por la cual judíos no religiosos, como Freud o Trotsky, o incluso Marx, el padre del comunismo ateo, son considerados tan judíos como el más beato que se pasa el día en la sinagoga. Los judíos no religiosos no creen en la doctrina de la Torah, o Antiguo Testamento, sin embargo, están imbuidos en el folclore y las tradiciones del judaísmo. Están tan familiarizados como sus primos religiosos de las afirmaciones de que son el pueblo elegido, destinado a poser toda la riqueza del mundo y ser reverenciados por los no judíos. Y están familiarizados con las historias de persecución, desde los tiempos de los faraones hasta la época de Hitler: con la tradición de ser universalmente odiados por todos los demás pueblos del mundo – que es el motivo por el que se creen justificados para vengarse siempre que tienen la oportunidad.

No voy a perder el tiempo citándoles versículos de la Biblia hoy, pero si duda de lo que he dicho sobre la base religiosa del etnocentrismo judío, basta con leer el Antiguo Testamento: sobre todo los cinco libros de Moisés y el libro de Isaías. Estúdielos atentamente. Incluso la traducción expurgada del Rey James es muy clara. Si realmente quiere profundizar más en este asunto, examine el Talmud – o para un tratamiento científico sólido, lea los libros recientemente escritos por un verdadero experto en el tema, el profesor de psicología de la Universidad Estatal de California, el Dr. Kevin MacDonald. Sus tres libros están disponibles en National Vanguard Books, el patrocinador de este programa. Esos libros se titulan:

Una lectura muy pesada, pero muy convincente, muy minuciosa.

Esta tendencia de los judíos a apoyarse mutuamente, siempre a favor de sus socios judíos contra los no judíos, y trabajar por los intereses de su tribu en vez de por sus intereses individuales es un hecho: un hecho muy envidiable. Es la razón principal de su extraordinario nivel de riqueza y poder a través de la Historia.

Usted ya sabe, hay pequeños grupos de hombres blancos que cooperan mutuamente en favor de sus intereses. Pero son intereses personales e individuales, no raciales o incluso tribales. Y virtualmente la casi totalidad de los grupos realmente influyentes de este tipo – el Consejo de Relaciones Exteriores, por ejemplo, o de grupos de hombres muy ricos y poderosos, dueños de empresas o banqueros, están de hecho grandemente ocupados con judíos. No son grupos raciales en absoluto, incluso si no hay negros o chinos en ellos. Son simplemente grupos de interés especial, mientras que los 14 millones de judíos del mundo forman un enorme grupo de interés racial autoconsciente. Son realmente únicos en este sentido.

Desearía que nuestro pueblo tuviera el mismo grado de conciencia racial que los judíos. Los judíos entienden el poder de la unión. La mayoría de nuestro pueblo no. Y este es en gran parte el motivo por el que estamos en el lío en que estamos hoy. Volveré a este punto en unos minutos.

La segunda cosa que hay que entender sobre los judíos es su modo inusual de existencia, viviendo casi en todas partes como una pequeña minoría entre los demás pueblos. Si uno mira a su historia en el período bíblico, estaban la mayor parte del tiempo de mudanza, viviendo como extraños y extranjeros entre otros pueblos, siendo expulsados de un lugar tras otro, siempre en términos de enemistad con la población huésped gentil. Sólo durante un poco de tiempo en 400 años, desde aproximadamente la época del rey David hasta la conquista por los babilonios, tuvieron una existencia realmente nacional en el sentido ordinario del término, con fronteras geográficas.

Cuando los babilonios dispersaron a los judíos por Oriente Medio y el mundo mediterráneo a mediados del siglo VI aC, los judíos se adaptaron extraordinariamente bien a ser una minoría en todas partes y una mayoría en ningún sitio. Quinientos años más tarde, en el primer siglo a.C., el escritor griego Estrabón comentó:

“Los judíos han penetrado en todos los países, por lo que es difícil encontrar algún lugar del mundo en el que su tribu no haya entrado y que no se hayan convertido en dominantes.”

Observe estas palabras: “No hay lugar donde no se hayan convertido en dominantes.” El gran historiador y geógrafo Estrabón no fue el único estudioso del mundo antiguo en hacer esa observación sobre los judíos. Los judíos se convirtieron en dominantes por la acumulación de una parte sustancial de la riqueza de cada país en el que se infiltraron. Y acumularon su riqueza colaborando mutuamente y depredando a la población de acogida. Su colaboración se basa en su conciencia racial, en su convicción de que son una casta especial de gente, superior a las personas entre los que les tocó vivir y merecedores de lo que pueden arrebatar a sus anfitriones. Los judíos en Roma no pensaban en sí mismos como romanos que creían en el judaísmo, sino como judíos que vivían en Roma. Y lo mismo para todos los demás países en los que viven.

Con el tipo de actitud y comportamiento que los judíos tenían era inevitable ser odiado por todos – y viceversa. Los judíos consideraban el odio que tenían hacia sus anfitriones como justificado, igual que consideraban justificado engañar y explotar a sus anfitriones, pero el odio de sus anfitriones hacia ellos lo explicaban como “intolerancia” y “persecución”. Su historia es una crónica de una “persecución” tras otra, hasta los tiempos modernos. Durante la Edad Media se les expulsó en masa de todos los países de Europa, en repetidas ocasiones. Pretenden hoy que esta supuesta “persecución” fue el resultado de la intolerancia religiosa por parte de sus anfitriones, pero en realidad se trata simplemente de legítima defensa, el mismo tipo de reacción a su presencia que los egipcios y los griegos y los romanos y todos los demás habían tenido en época pre-cristiana. Y fue esta barrera de odio entre los judíos y el resto del mundo que hizo posible para ellos mantener su identidad y su sentido de autoconciencia racial. Si usted quiere estudiar algunos de estos detalles de la historia judía, hay muchos buenos libros disponibles. Uno que he leído y que considero valioso es “A History of Jews” de Abram Sachar. Sachar fue el presidente de la Universidad de Brandeis, y por supuesto, mira a la historia muy subjetivamente y desde un punto de vista muy judío. Pero su historia es reveladora, y se puede encontrar en la mayoría de las grandes bibliotecas.

Ahora bien, este peculiar modo de existencia de los judíos que he descrito cambió hasta cierto punto, poco después de la Segunda Guerra Mundial, con el robo de Palestina y la creación del nuevo Estado de Israel en territorio palestino. Hoy un tercio de los judíos del mundo viven en Israel, pero esto sólo es posible porque los otros dos tercios continúan su existencia como minorías parasitarias entre huéspedes gentiles. Sin un suministro constante de dinero obtenido de Alemania, los Estados Unidos y otros países, Israel no podría seguir existiendo. Israel habría sido derrotada media docena de veces en su guerra con sus vecinos durante los últimos 50 años si los Estados Unidos no hubieran proporcionado ayuda militar masiva y apoyo diplomático. Si todos los judíos en Estados Unidos y Europa vendieran sus redes de televisión, los periódicos y estudios de cine, y se trasladaran a Israel, el flujo de la sangre de sus anfitriones se cortaría, e Israel pronto dejaría de existir.

La tercera cosa que debemos entender acerca de los judíos es la manera en que mantienen su condición de minoría dominante entre nosotros hoy en día. En la época de Estrabón era por medio de sus riquezas acumuladas. Podían comprar influencia y privilegios especiales. Permaneció de esa manera más o menos durante los siguientes 1900 años. Durante la Edad Media se hicieron a sí mismos útiles como fuentes de dinero para reyes, papas y emperadores. Ellos chupaban las riquezas de la población de acogida y, a continuación, daban o prestaban parte a los gobernantes a cambio de que se les permitiera mantener sus privilegios. Aunque normalmente eran tolerados por los gobernantes debido a su utilidad, eran odiados intensamente por la población en general. Los judíos compraban la tolerancia de los gobernantes, pero por supuesto, no podían darse el lujo de comprar la tolerancia del pueblo.

Y así hasta hace muy poco los judíos mantenían una existencia separada entre la población de acogida, viviendo a menudo en guetos, no mezclándose socialmente con sus anfitriones, por lo general no participando en las mismas profesiones, y provocando desdén, si no repulsa, por todos. La gran ventaja para nuestro pueblo de este modo de existencia es que los daños causados por los judíos eran en su mayor parte económicos, aunque también causaban daño político cuando convenía a sus necesidades. Pero casi no tuvieron influencia cultural en nuestro pueblo. No escribían libros u obras de teatro, ni pintaron o compusieron música, no se enquistaban en nuestras universidades, ni opositaban a funcionarios, y por supuesto, no tenían estudios de televisión o periódicos, o agencias de publicidad. Y así en gran medida vivían sus vidas, y nosotros las nuestras.

Eso comenzó a cambiar drásticamente hace unos 200 años, con la aparición de los medios de comunicación de masas y la democracia, y el cambio se aceleró en gran medida durante el siglo XX. Los judíos entendieron inmediatamente el potencial que los periódicos y otros medios de comunicación les daba para extender su influencia desde los gobernantes a toda la población, y la democracia hizo esta extensión de su influencia relevante; la democracia proporcionó la herramienta para transformar la influencia en poder. He descrito en otros programas la manera en la que los judíos adquirieron el control de nuestros medios de comunicación de masas y, a través de los medios de comunicación, el control del proceso político, y no voy a repetir esa historia hoy. Hay un resumen actualizado del control judío de los medios en el catálogo de National Vanguard Books, del patrocinador de este programa.

Pero sí quiero hacer hincapié en este punto muy importante: la manera en la que los judíos mantienen su posición como la minoría dominante en nuestra sociedad ha cambiado. Solía ser como prestamistas y sobornando, y la presión se ejercía sólo en la parte superior, a los dirigentes políticos de nuestra sociedad; hoy es el control de los medios de comunicación de noticias y entretenimiento, y la presión se ejerce en todos los niveles de la sociedad. Algunas personas todavía hablan oscuramente sobre banqueros judíos internacionales – y, por supuesto, hay tales animales hoy, como hay también banqueros internacionales que no son judíos – pero el control de los medios de comunicación es la clave para el poder judío de hoy, no el control de la banca. Los más importantes judíos de hoy ya no son los Rothschilds y Warburgs y Hambros y Sassoons, sino que son los Eisners y Levins y Newhouses y Redstones y Bronfmans y Sulzbergers: los dueños judíos de los medios de comunicación.

Así miremos ahora los detalles de la aplicación judía de la influencia a través del control de los medios de comunicación. La mayoría de la gente tiene una gama muy limitada de experiencias en la vida real. La televisión y las películas, y las revistas ofrecen una enorme expansión de las experiencias de la persona media, sustituyendo experiencias artificiales en lugar de experiencias reales. En la pantalla de televisión los espectadores viven relaciones sociales artificiales, romances artificiales, conflictos artificiales, vida artificial. En los anuncios se les da ideales artificiales de belleza y moda, estilos de vida artificiales a los que pueden aspirar. Y en sus periódicos y revistas se les dá una visión cuidadosamente filtrada y cuidadosamente sesgada de lo que pasa en el mundo.

Y lamentablemente la mayoría de la gente no tiene la suficiente fuerza para discriminar, para distinguir el mundo artificial de los medios de comunicación del mundo real de la experiencia cotidiana. Los dos mundos se funden en sus mentes, y no pueden distinguirlos. Lo que la gente ve en la pantalla de televisión no es sólo entretenimiento; es una colección de experiencias artificiales que se fusiona con su colección de experiencias reales y les da una nueva y en gran parte artificial base para evaluar las cosas y para tomar decisiones. Anuncios diseñados inteligentemente no sólo muestran a los clientes potenciales lo que pueden comprar y les da la información necesaria para elegir lo que quieren; la publicidad inteligente realmente crea nuevas necesidades, nuevos deseos, que antes no existían. Los anuncios manipulan los deseos y motivaciones de la gente. De manera similar, el entretenimiento de la televisión manipula psicológicamente a los televidentes. Cambia sus valores y actitudes. Afecta fuertemente la manera en que ven las cosas – incluyendo los asuntos políticos y los candidatos políticos.

Bueno, apenas tengo que decirle a usted que los modernos medios de comunicación dan un enorme poder, un poder sin precedentes, a quien los controla – especialmente en una democracia. Y realmente, ninguna persona versada que sea honesta disputará mi conclusión aquí. Hay mucha gente que no están versados, que creen que pueden ver la televisión sin ser afectados por ella, que creen que conforman sus mentes independientemente sin depender de la realidad artificial suministrada por la televisión, pero la mayoría de estas personas están equivocadas, y los expertos estarán de acuerdo conmigo en esto. Los medios de comunicación conforman la opinión pública, y en una democracia controlan el proceso político.

Así que ahora la única pregunta que queda es esta: ¿Para qué usan los judíos los medios de comunicación? ¿Cuál es su objetivo? ¿Qué quieren? Ahora, la respuesta políticamente correcta es que todo lo que los judíos jefes de medios de comunicación quieren es lo mismo que lo que cualquier otro hombre de negocios quiere. Los jefes de los medios son simplemente hombres de negocios, y su objetivo es simplemente dirigir sus empresas para ganar dinero.

Bueno, lo siento, pero eso simplemente no es cierto. Simplemente no es una coincidencia que a cualquier sitio al que mire en los medios de comunicación vea judíos al mando. No es una coincidencia que un grupo que constituye sólo un poco más del 2 % de la población tenga prácticamente completo control sobre los medios de comunicación de masas. La unanimidad de los medios de comunicación de masas en virtualmente cada asunto principal de nuestro tiempo no es una coincidencia. Simplemente no es una coincidencia que los jefes de los medios hayan adoptado la política de silenciar los crímenes de los negros contra los blancos mientras publicitan lo más posible los crímenes de los blancos contra los negros. Todas estas cosas están planificadas a propósito. Son la consecuencia de la colaboración consciente. Sólo un idiota puede creer que es sólo una coincidencia.

Los jefes judíos de los medios de comunicación saben lo que quieren. Es control – no sólo de los medios de comunicación, sino de nosotros: de todo. Quieren dominarnos, y, en la medida en que no puedan dominarnos, destruirnos. Desafortunadamente, no puedo revelarle ninguna grabación secreta de alguna de sus reuniones en la cumbre, donde discuten sus objetivos y su estrategia, al estilo de los Protocolos de los Sabios de Sión. Sólo puedo ofrecerle el registro histórico y el sentido común. El registro, para aquellos que tienen ojos para ver y una mente abierta, es bastante evidente, comenzando con el pasaje en el libro del Génesis de la conquista de Egipto por José y sus hermanos para que todos pudieran comer “the fat of the land” [Génesis 45,18], yendo a través de la Historia a la conquista marxista de Rusia a comienzos del siglo XX y los intentos de conquista en muchos otros países.

Usted sabe que los alemanes no comenzaron a echar a los judíos de Alemania en los años 30 por intolerancia cristiana. Fue porque querían recuperar su país. Los alemanes querían dirigir sus propias escuelas y universidades, sus propios periódicos y películas, sus propias profesiones jurídica y médica.

Si usted quiere entender el registro histórico, hay que estudiarlo. No puedo hacerlo por usted en media hora de programa. Sólo puedo señalar el camino. Y es de sentido común para entender lo que los judíos dueños de los medios de comunicación hacen, que necesitamos limpiar las telarañas de nuestras cabezas y darnos cuenta de que cada grupo racialmente consciente se esfuerza por dominar, no sólo los judíos. Así es la Naturaleza. Así es como es en cada corral y en cada patio de colegio.

Y eso es por lo que los medios de comunicación toman el sesgo deliberado que toman: intentar hacernos sentir culpables, intentar matar nuestro sentido de conciencia racial mientras los judíos mantienen el suyo, intentar persuadirnos para que bajemos los brazos, intentar silenciar todas nuestras voces disidentes. Su objetivo es que seamos racialmente inconscientes, que estemos avergonzados de nuestra naturaleza y nuestras tradiciones, que tengamos miedo de organizarnos por nuestro bien común, temerosos de ser llamados racistas. El objetivo deliberado de la propaganda de los medios judíos es desarmarnos moralmente, que perdamos nuestras raíces y nos quedemos indefensos, y luego destruirnos. Eso es lo que está sucediendo ahora.

Piense en ello, y verá cómo todo encaja.


Programa de radio de American Dissident Voices de 12-12-1998.

Traducido originalmente en Qbitácora

 

2 pensamientos en “William Pierce – Cómo todo encaja

  1. Pingback: Anónimo

  2. Ed Braik

    Podrías subtitular este broadcast y subirlo a youtube, en mi opinion este podcast es uno de los más ilustrativos de William Pierce; especial para las personas que empiezan a estudiar el problema judío.

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